Para VOS y para la FAMILIA

Acompañar también puede ser difícil para vos

Cuando un hijo atraviesa una dificultad, es natural que gran parte de nuestra atención se dirija hacia él: qué necesita, cómo ayudarlo, qué hacer, a qué profesional consultar.

Pero mientras intentás acompañarlo, vos también podés estar atravesando cansancio, preocupación, culpa, frustración, miedo o simplemente la sensación de estar sosteniendo demasiado.

Muchas veces los espacios vinculados con nuestros hijos están destinados —lógicamente— a hablar de ellos. De cómo están, de lo que necesitan y de lo que podemos hacer para ayudarlos.

Pero vos también podés necesitar un espacio en el que la pregunta sea cómo estás vos.

Como psicóloga, pero también como mamá que estuvo de ese lado, sé cuánto puede necesitarse ese espacio y, al mismo tiempo, lo poco que solemos hablar de esa necesidad.

Un lugar donde por un momento el foco no esté puesto en lo que tenés que hacer por los demás, sino en lo que te está pasando a vos. Para hablar, comprender tus propias emociones y encontrar maneras de cuidarte mientras seguís acompañando a quienes querés.

Un espacio para vos

Cuidarte no significa necesariamente tener más tiempo libre, hacer ejercicio, salir, descansar o encontrar un momento para hacer algo que te guste. Todo eso puede ayudar, pero el autocuidado también pasa por otros lugares.

A veces cuidarte es poder reconocer que estás cansado, registrar lo que sentís, poner un límite, pedir ayuda, bajar una exigencia o aceptar que no podés sostener todo al mismo tiempo.

También puede ser aprender a mirar tus propios pensamientos, trabajar la culpa, la frustración o los miedos que aparecen en la crianza y encontrar maneras más saludables de atravesarlos.

Este espacio no es para enseñarte a ser mejor mamá o papá. Es un espacio para vos: para poder hablar de lo que te pasa sin que toda la conversación vuelva inmediatamente a lo que necesita tu hijo.

Porque acompañar a otros también requiere aprender a escucharte, cuidarte y hacer lugar a tus propias necesidades.

Cuando cuidar el vínculo también es una prioridad

Cuando un hijo necesita más apoyos, atraviesa dificultades importantes de conducta o presenta desafíos vinculados al neurodesarrollo, gran parte de la energía familiar puede empezar a concentrarse en él.

Consultas, tratamientos, escuela, decisiones, preocupaciones, desacuerdos sobre cómo actuar, cansancio... y en el medio de todo eso, la pareja también puede empezar a resentirse.

No es solamente una sensación. La investigación muestra que el estrés asociado a la crianza de un hijo con discapacidad se relaciona con una menor calidad en la relación de pareja. En algunas poblaciones también se ha encontrado un mayor riesgo de separación, aunque esto no ocurre en todas las familias ni de la misma manera.

Por eso, cuidar el vínculo entre los adultos no es algo secundario frente al tratamiento de un hijo. También forma parte del cuidado de la familia.

Este espacio puede ayudar a hablar de lo que está pasando entre ustedes, comprender cómo el cansancio y las preocupaciones están afectando la relación, trabajar diferencias en la manera de acompañar a los hijos y recuperar espacios de comunicación que quizás fueron quedando relegados.

Y cuando se trata de adolescentes, el trabajo también puede centrarse en el vínculo entre padres e hijos, especialmente cuando la comunicación, los conflictos o la dificultad para encontrar un equilibrio entre acompañar, poner límites y dar autonomía empiezan a generar distancia.

Por eso, cuidar el vínculo entre los adultos no es algo secundario frente al tratamiento de un hijo ni algo que tenga que esperar a que todo lo demás esté resuelto. También forma parte del cuidado de la familia

¿Cómo podemos trabajar juntos?

No todas las familias necesitan lo mismo, y tampoco todos los procesos tienen que tener la misma forma.

A veces el espacio puede ser individual, para que puedas trabajar sobre lo que te está pasando a vos, tus emociones, tus preocupaciones o la manera en que estás atravesando determinadas situaciones familiares.

En otros momentos puede ser útil trabajar con ambos adultos, especialmente cuando aparecen diferencias en la crianza, dificultades para ponerse de acuerdo o cuando el cansancio y las preocupaciones empiezan a afectar el vínculo de pareja.

Y también podemos pensar encuentros familiares o conjuntos con hijos adolescentes, cuando el objetivo sea mejorar la comunicación, comprender qué está pasando entre ustedes o encontrar nuevas maneras de atravesar los conflictos.

La modalidad no se define de antemano. La pensamos a partir de lo que está pasando y de aquello que necesiten trabajar.

No hace falta esperar a estar desbordados

Muchas veces pedimos ayuda cuando sentimos que ya no podemos más. Pero no es necesario llegar hasta ahí.

Podés buscar un espacio porque estás cansado, porque algo de la crianza te está afectando, porque con tu pareja están teniendo dificultades para encontrarse o porque sentís que el vínculo con tu hijo está cambiando y no sabés bien cómo acompañar ese momento.

También podés hacerlo simplemente porque querés cuidar algo importante antes de que se vuelva más difícil.

No necesitás tener claro qué está pasando ni saber de antemano cómo deberíamos trabajarlo.

Podemos empezar por conversar sobre lo que hoy te preocupa y pensar juntos qué tipo de acompañamiento puede tener sentido para vos y tu familia.

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